Violencia de género


Negar a estas alturas la lacra social que representa la violencia de género es negar que el sol sale todos los días, al menos hasta hoy. Es evidente que en el mismo error cae quien cree que no existe violencia de otro tipo dentro de los hogares españoles, pues muchos hombres también resultan agredidos por sus esposas en parejas heterogéneas y otras muchas personas en parejas homosexuales. Motivo por el que muchos abogan por sustituir el nombre de violencia de género por el de violencia de pareja. Dicho cambio no reflejaría la realidad, estas agresiones no están relacionadas con el sexo ni con el papel preponderante que las sociedades patriarcales conceden al hombre.
La violencia acompaña al ser humano porque la selección natural la ha protegido como gen necesario para subsistir, eso no quita que debamos corregirla y eso solo se puede hacer a base de educación. Esta constatado que en sociedades donde no existe una jerarquía formal de privilegios de unos grupos sobre otros y hombres y mujeres ejercen el mismo poder, los índices de violencia sobre la mujer son menores que en las que de forma atávica se ha establecido el patriarcado, sistema que integra un mensaje que reafirma a los más poderosos sobre los demás. Es en éstos donde la violencia adquiere el carácter de herramienta básica, dejando solo una salida al más débil, la sumisión y el sometimiento, ambos originados por una asimetría que quizá fue necesaria en algún momento de nuestra evolución, pero que hoy es arcaica.
Sentenció Aristóteles, en su obra Ética a Nicómaco, que lo justo es “tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”, sostenía el filósofo que la primera parte de su aserto estaba asociado al más puro y universal concepto de justicia y la segunda al de justicia para las minorías, y he ahí el origen de la actual Ley Integral contra la violencia de género. Ley 1/2004.
No pasaré por alto que es un recurso del derecho penal muy potente, no quiero decir excesivo porque estoy convencido de que bien aplicado es correcto, aunque algunos profesionales del derecho lo estén utilizando subrepticiamente para conseguir mejores condiciones para sus clientas en divorcios ordinarios; todos conocemos el caso de algunas detenciones sangrantes, pero no es culpa de la ley ni del legislador sino de quién no utiliza el recurso para lo que fue ideado. Este fenómeno sería cuestión de análisis en otro artículo. En España, país de pillos y pícaros, debemos estar siempre prevenidos para estas prácticas que deberíamos perseguir con más ahínco en lugar de dejarnos llevar por el populismo que determinados partidos están haciendo de ello.
Es cierto, como regla general, que en ningún caso el aumento de las penas ha mostrado eficacia alguna como mecanismo de prevención contra la comisión de nuevos delitos, y por supuesto en el modelo que nos ocupa tampoco. Los homicidios contra la mujer dentro de la pareja heterosexual no han disminuido a pesar del rigor de la ley y el incremento de las penas, lo que evidencia que no es el instrumento más adecuado para solucionar problemas sociales complejos, y es ahí donde se agarra otro tipo de populismo punitivo, en criminalizar los problemas sociales mientras recortan en ayudas.
El derecho penal no se ocupa de las causas estructurales de los problemas sociales ni pretende combatirlos, su misión es averiguar si hay una persona concreta a la que pueda considerarse culpable, pero eso no soluciona el origen del problema ni actúa contra los factores de riesgo: el alcoholismo, las drogas o la marginación social provocada por situaciones de desempleo que incrementan la probabilidad de que una mujer sea maltratada por su pareja. No debemos obviar que la mayoría de los casos de violencia de género se circunscriben a un marco social de subordinación de la mujer, de desigualdad. Evidentemente no todos, pero es desde ese escalón desde el que debemos abordar los factores que provocan el maltrato si queremos realizar campañas eficaces de lucha contra este fenómeno.

Acerca de Marchal-Sabater

Pseudónimo del escritor murciano nacido el 6 de agosto de 1964. En los años ochenta ingresó en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado e inmediatamente fue asignado a los servicios de información, circunstancia que le llevó a ser testigo de numerosos acontecimientos de la transición, en diferentes lugares de la geografía española: País Vasco, Cataluña o Madrid. En algunas de sus novelas refleja parte de ese pasado, describiendo algunos hechos tal y como sucedieron y otros adaptándolos a la trama, sin desvirtuar la realidad. En su currículo cuenta con varios premios literarios, como el del certamen de micro-crímenes de Falsaria 2012 y el 2º premio de relatos cortos organizado por el Ayuntamiento de Lorquí (Murcia), dentro de la celebración de la II Semana Cultural 2013. Autor de: El Valle de las Tormentas; Bajo la Cruz de Lorena; y Oiz 1985. La sombra de la sospecha. Dasha, Epitafio para un extraño.
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