​Sobre la biprovincialidad de la CARM

A estas alturas me imagino que todos los lectores saben de la existencia de un movimiento ciudadano, MC, que está luchando por conseguir la provincia de Cartagena. Aducen que Cartagena tiene un problema de encaje en la Región de Murcia, que solo reciben un 18 % de los presupuestos de la comunidad, que con una nueva provincia la región ganaría peso específico en el congreso y en el senado; y pregonan a los cuatro vientos que nadie es capaz de poner argumentos en contra de los beneficios de crear una nueva provincia. 
Efectivamente nadie es capaz de poner argumentos en contra porque nadie tiene argumentos en contra de los sueños. No obstante sí expondré varios que demuestran lo irracional de la propuesta, veamos:

¿De dónde saldrán los dos diputados más si el número de éstos está previsto por ley? ¿A qué provincia se los van a quitar en pos de Cartagena? Lo lógico será prorratear los de la actual provincia quedándonos exactamente igual, respecto a los senadores sí que ganaríamos los 4 que corresponden a la nueva provincia, luego ahora tendría 8 en una institución que se ha demostrado no sirve para nada. Por otro lado si la escisión nos funciona en Murcia, suponiendo que funcionara ¿Qué impediría que otras comunidades autónomas dividieran sus provincias? De hecho Cataluña quiere aumentar el número de las suyas creando una nueva por cada comarca y creo que son 42. Andalucía también podría dividirse en otras tantas, no en vano es la más grande de España, por no hablar de Castilla León, Castilla la Mancha o Extremadura, en fin, que por reducción al absurdo podríamos conseguir una España de 5000 provincias, porque ya puestos, por qué no una provincia por cada Municipio. Qué derecho tienen los Cartageneros que no tengan los de Alcantarilla, Arrigorriaga, El Ferrol, o Villaviciosa de al Lado que ahora está de moda. Respecto al presupuesto, presuponen nuestros vecinos que se dividiría el de la Comunidad en dos, 50 % para ellos y 50 % para el resto de municipios, y se quedan tan tranquilos. Si suponemos, como ellos lo hacen, que habrá varios municipios que se adhieran a su provincia —según ellos el invento no resultaría si en lugar de ser Cartagena la que se escinde fuera cualquier otro municipio de la región, y no sé por qué—, San Javier, San Pedro, Los Alcázares, La Unión, Mazarrón, Fuente Álamo y Torre Pacheco, por ejemplo, sumarían 1.481,90 km2 de los 11.313,11 km2 de la provincia actual y 404.325 habitantes del 1.474.449 de la Murcia actual, o sea, 13 % de la superficie de ahora y el 27 % de los habitantes. Si el presupuesto de la CCAA se reparte per cápita, la nueva provincia tendría derecho a un 27% del actual, y dado que el municipio de Cartagena constituiría el 53 % de la población de la nueva provincia, su presupuesto sería el 53 % de ese 27 %, lo que nos arroja un resultado del 14 % del de la Comunidad, luego si ahora les corresponde un 18 % estarían perdiendo un 4 %. 

Dado que los números son muy aburridos, vayamos al encaje de Cartagena en la provincia. Cartagena es un municipio más como lo es Murcia, Jumilla, Cieza o Abanilla, ¿qué encaje buscan, ser ellos la capital de la provincia o darle nombre a esta?

Respecto al peso específico de Murcia en el Senado y en el congreso sólo ganaríamos esa batalla con la desaparición de las circunscripciones, o sea, con la circunscripción única, escenario en el que Murcia obtendría 14 diputados frente a los 10 que tiene ahora y 10 senadores respecto de los 4 actuales u 8 que obtendríamos con la escisión, es evidente cuál es la mejor opción. No obstante, y dado que eso de la circunscripción única se me antoja una quimera, la fórmula que mejor nos iría en esta zona de España con la Constitución actual, sería unir las provincias de Almería, Murcia, Albacete y Alicante, una comunidad autónoma de cuatro provincias que tendría 32 diputados y 16 senadores. Evidentemente esto solucionaría muchos problemas, pero no el de los sentimientos.

MC, como todo movimiento político, basa sus argumentos en un sofisma para conseguir un sueño, una entelequia, la provincia de Cartagena.
Antonio Marchal-Sabater.

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Oiz 1985. La sombra de la sospecha. 

​http://www.cartagenaactualidad.com/2016/09/el-rincon-literario-de-paco-marin-oiz-1985/

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La enigmática muerte de López Bravo en 1985, en el monte Oiz.

http://www.periodistadigital.com/politica/sucesos/2012/02/20/tragedia-monte-oiz-eta-terrorismo-alhambra-granada-euskadi-lopez-bravo-padilla-patino-eta-lemoniz.shtml

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Posiblemente el primer atentado islamista en España. 

http://elpais.com/diario/2010/04/18/domingo/1271562760_850215.html

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Oiz 1985.¿Atentado o accidente? 

http://www.periodistadigital.com/politica/sucesos/2012/02/20/tragedia-monte-oiz-eta-terrorismo-alhambra-granada-euskadi-lopez-bravo-padilla-patino-eta-lemoniz.shtml

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El Efecto Brexit

En esta mañana de resaca electoral, son muchos los que se afanan en criticar el resultado de las elecciones y echar la culpa a los electores, hasta hay quien se avergüenza de ser español. Son muchos los que opinan que es mejor abandonar una España así, y otros los que quieren que la abandonen; y en todo ello hay un error que al que suscribe acojona.
¿Por qué los españoles somos tan débiles? ¿Por qué se quieren ir los que han perdido? El juego de la democracia obliga al respeto de los demás y a luchar por vencer en las urnas. Pero no acaba ahí nuestra desdicha. Los que se supone que han ganado, que aún habrá que ver qué han ganado, porque el parlamento sigue estando muy dividido y la última palabra no está dicha, quieren que los que ha votado opciones contrarias se vayan. Pues lo llevamos claro. Eso sí me avergüenza como español. Las elecciones han arrojado un resultado, han sentado en sus escaños a una serie de parlamentarios. Pero ahora el congreso decidirá quién debe ocupar la Moncloa, y bien podría ser que la ocupara el PP, pero sin Rajoy ni su corrupta cúpula. Rajoy no ha ganado las elecciones, ni todo el PP es corrupto. ¿Quién debe de depurar a los corruptos en el gobierno? La oposición, que deberá abstenerse o pactar. Abstenerse si el presidente es quién ellos eligen o pactar para votar al presidente/a que ellos elijan, e incluso decidir algún ministro o elegir ministerio, porque este no va a ser un gobierno de rodillo, gracias a Dios. ¿Pero qué solución da abandonar el país? Ninguna. ¿Qué solución da el derrotismo? Menos.
Cómo ya he aseverado en alguna ocasión, Rajoy no ganó las elecciones de 2012, las perdió Zapatero estrepitosamente, y por el sistema de vasos comunicante, si uno baja otro sube. El PP recogió los frutos de una cosecha que el PSOE no supo sembrar. ¿Qué ha ocurrido ahora? Que el pueblo español, sabio, aunque siempre vilipendiado por quien pierde las elecciones, no ha querido correr el riesgo del Reino Unido, donde la insensatez ha imperado y ahora están como un pollo sin cabeza, no saben si anular el referéndum, darlo por nulo, disolverlo y cada uno de los cuatro reinos que lo componen corran a su suerte, o tirarse al mar en sus barcos de recreo y pedir asilo político en Megaluz, Mallorca. El voto protesta tiene esas cosas; que protestas, pero te pegas un tiro en el pie. Y eso es lo que más ha podido en el ánimo de los españoles en la jornada de reflexión, y por eso han elegido la menos mala de todas las opciones; y he ahí el núcleo de la reflexión poselectoral. ¿Qué opciones teníamos? Ninguna. Pablo Iglesias representa el voto protesta, el voto peligroso por su estridencia, el voto sorpresa. No condena el terrorismo con decisión, pero tampoco apoya a las víctimas; no quiere a Europa, pero tampoco aboga claramente por abandonarla; no condena los atentados Yihadistas, pero cae en el error de intentar explicarlos, que infunde más desasosiego que justificarlos; no sabe si Maduro es su amigo o su enemigo; no sabe si Irán ha financiado su partido, o no. La cuestión es que su discurso parece el de la Parrala; que sí, que sí, que sí; que no, que no, que no. Albert Ribera es otro indeciso que no ha sabido transmitir seguridad y se le ha visto el plumero. Por tocar pelo ha hecho pactos con el PSOE, y eso lo ha hundido en la miseria. La gente, siempre que sea gratis, prefiere el original a la copia; y votar es gratis. Tampoco ha estado muy acertado en cuanto a la catalanización encubierta que el nacionalismo catalán viene desarrollando, subrepticiamente, en Aragón y Valencia, y que se extiende, lenta, pero decididamente, por el noreste murciano. Y por último vamos a la joya de la corona de los ineptos; Pedro Sánchez. ¿Alguien puede contestarme si este hombre es separatista, españolista, europeísta o qué es? Nadie que reflexione dos minutos podrá contestarme, éste no es nada, es alguien sin ideas, mejor dicho, con una sola idea; llegar a la Moncloa. Los barones de su partido no lo apoyan, sus militantes no están seguros de él, su verdadero discurso está tan oculto que ni siquiera él sabe dónde lo guardó la última vez que lo abrió, si es que alguna vez lo tuvo. ¿Se dan cuenta ahora por qué la abstención ha hundido a la izquierda y al centro? Porque no tienen discurso. Y les juro que en ninguno de estos renglones hay una defensa a Mariano Rajoy. Pero se ha mantenido, no ha defraudado a sus votantes y éstos lo han encumbrado; no hay más. No ha defraudado a sus votantes tanto como los líderes de izquierdas y centro, que verdaderamente son los que tienen que hacérselo mirar, ni a un sector de la población, que, aunque no tiene por qué ser de derechas, no quiere experimentos. Un sector que, como dijera Corcuera, sabe que los experimentos es mejor hacerlos en casa y con gaseosa. Algo que los británicos han venido a recordarnos con su histórico error.
Amigos de izquierdas, separatistas y cualquier otro que piense que es mejor abandonar. España no es su enemiga, ustedes son tan españoles como el que más. Quédense, convénzanse de que aquí cabemos todos o no cabe ni Dios, como cantó Victo Manuel, hagan patria, que eso no significa cantar el cara al sol ni alabar a Franco, eso ya lo hacen los fascista. Impriman con cordura el nivel de cordura, valga la redundancia, que este país necesita, y dejen ya de mirar para atrás. Olviden las banderas republicanas y las ideas del siglo XIX, el republicanismo que no tiene nada en que superar a la monarquía parlamentaria, pues la maquinaria es exactamente la misma, y vamos a hacer patria, que el enemigo está a las puertas.

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Robespierre de fortuna.

Hace mucho tiempo que no me siento al ordenador para escribir algo que les llegue, el motivo no es otro que estar terminando una novela que me tiene intrigado a mí mismo y no tengo tiempo de mucho. Tampoco el momento político da para mucho, pero la cosa ya empieza a caldearse. No obstante, ha sido una noticia de El País del pasado 17 de junio la que me ha obligado a dejar mi novela y ponerme ante el teclado “Monedero clama por un Gobierno que dé órdenes a jueces y guardias civiles”
Que la Guardia Civil esté a las órdenes del gobierno ya sucede desde que la Guardia Civil existe, nada nuevo nos ofrece este insurrecto que a todas luces aún no se ha leído la Constitución Española, donde ya recoge que el gobierno dirige la seguridad interior y exterior y para ello cuenta con la obediencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de la Fuerzas Armadas. Hasta ahí nada que objetar, salvo la poca formación humanística de Monedero. Lo grave es la puñalada que le da a Montesquieu, de quién este tipo no ha oído ni hablar.
Mire usted señor Monedero, hasta finales del siglo XVIII imperaba en Europa un único sistema político, la monarquía absolutista, en el que la soberanía, otro vocablo del que usted no ha oído ni hablar y que yo ahora no tengo tiempo de explicarle, era potestad única y exclusiva de los soberanos, los reyes para usted. A finales del XVII nació un movimiento cultural que, aunque europeo, tomó su auge en Francia e Inglaterra. Fenómeno por el que algunos filósofos intentaron convencer al pueblo de que ellos tenían el poder o, mejor dicho, de que el poder residía en el pueblo, no en la aristocracia. Aquellos pensadores inocularon en la sociedad mundial, combatiendo la ignorancia, el convencimiento de que la razón humana era capaz de revertir la superstición religiosa y la tiranía aristocrática para hacer del mundo un lugar donde cogiéramos todos.
A ese poder lo llamaron soberanía y al movimiento, Ilustración, porque sirvió para disipar las dudas de la humanidad al respecto. El pueblo, la humanidad, valga la redundancia, salió así de las tinieblas mediante la cultura humanística, a esa cultura la compararon con las luces que nos iluminan en la niebla, las luces de la razón, las llamaron; por esta simple razón, señor Monedero, al siglo XVIII se le conoció en adelante como el Siglo de las Luces. Todo aquel movimiento dio lugar a uno de los sucesos que más han marcado la historia de Europa desde entonces: La Revolución Francesa. Y una de las doctrinas que aún perduran en cualquier sociedad moderna y avanzada es precisamente esa. La Soberanía reside en el pueblo, pero el pueblo no puede administrarla en su totalidad, para eso divide todo su poder en tres partes, Poder legislativo, Poder Ejecutivo y Poder Judicial; y dota a cada uno de ellos de órganos elegidos por el pueblo para su desarrollo. El Poder legislativo reside en las Cortes, donde se elaboran nuestras leyes por nuestros diputados electos. El Poder Ejecutivo está representado por el gobierno, elegido por nuestras Cortes, y cuya única competencia, a groso modo, es cumplir y hacer cumplir las leyes que elaboran las Cortes. Y el Poder Judicial, poder que no elabora las leyes ni las hace cumplir, pero que se encarga de que se cumplan sin arbitrariedad, poder completamente independiente de los otros dos que garantiza la imparcialidad de todos ellos. Esa justicia, Señor Monedero, emana del pueblo, y se administra en nombre del Rey por Jueces y Tribunales, no por el gobierno como usted propone. Eso sucede en Venezuela, Cuba, Corea del Norte y en algún otro reducto del mundo donde gobiernan los de su calaña. Pero en el resto del mundo, la Ilustración consiguió mejorar en aspectos económicos, políticos y sociales, mejoras que por mucho que le pesen a usted y a los suyos, aún perduran en el resto del mundo que no ha caído en sus garras.
En España, ese país con un nombre del que usted se avergüenza, hemos sufrido muchas guerras por conseguirlo. La derecha autoritaria y el catolicismo más integrante, siempre se han opuesto a su consecución, siempre, incluso ahora cuando juegan en su bando, pues entre usted y ellos no hay solución de continuidad por mucho que le pese, Señor Monedero. Son ustedes el enemigo del progreso, de una España, seria, que respete sus símbolos, su lengua, su historia y sus tradiciones. No es usted mejor que Fernando VII, Franco, Blas Piñar o Rouco Varela. Es usted uno de ellos y se acabó, a mí no me engaña.
Usted y los suyos ya han conseguido que mucha gente se sienta avergonzada de su país, de su idioma y de su cultura. Han conseguido que comunidades tradicionalmente españolas renieguen ahora de su españolidad. Han conseguido, por ejemplo, que el catalán sea lengua cooficial de Aragón, evidentemente con la connivencia de los aragoneses que desde un tiempo a esta parte no tienen muy claro qué son y qué han sido. También lo han conseguido en Valencia, aunque ahí su más ferviente colaborador ha sido el PP, con sus corrupciones, su intolerancia, su chulería y falta de sensatez. Pero qué le vamos a hacer, es con lo que a los españoles de ahora nos ha tocado batallar: contra su desfachatez, la sinvergonzonería del PP y PSOE en sus feudos, la falta de personalidad de ambos allá donde gobiernan los nacionalistas y su afán por trincar donde haya, por desgracia único objetivo de todo el que se acerca al poder, sino que se lo pregunte al Señor Aznar, quién con toda su cara dura cree que un exceso de leyes anticorrupción hace imposible dedicarse a la política.  Su próximo objetivo es Murcia, donde ya han empezado a introducir la legitimidad del catalán en Jumilla y Yecla porque durante el siglo XIX algunos empresario vitivinícola y textiles afincados en la zona lo introdujeron.
Conclusión, la insensatez del PP y del PSOE le han convertido a usted en un Robespierre, aún más radical que aquél que quiso guillotinar a todo el que no secundó la revolución. Y es que al igual que el fascismo, han caído en el tópico de que el que no está con ustedes está contra ustedes y hay que ajusticiarlo. Por eso quieren la justicia, el CNI, la Fuerzas Armadas, la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. En definitiva, ustedes pretenden finiquitar la separación de poderes y así hacerse con el poder absoluto, y el PP y el PSOE le han convertido en el revulsivo adecuado junto al nacionalismo.

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El diputado de las rastas.

       Hay una fotografía que corre por las redes sociales y que no dejo de analizar. En ella se puede ver a un estupefacto Mariano Rajoy siguiendo con la mirada a Alberto Rodríguez, el ya famoso diputado de Podemos, y sus rastas. Por la cara del presidente en funciones puedo adivinar qué piensa en ese momento, e imagino que no es lo correcto.
Lo correcto, señor Rajoy, es que hiciera usted autocrítica y pensara qué ha hecho durante estos cuatro años para que el país esté tan dividido como lo ha dejado. Lo correcto, señor Rajoy, es que hiciera balance de su falta de criterio para administrar tanto poder como los españoles le otorgaron en 2011 y que ha derrochado estúpidamente dando origen al Estado más desunido de la Unión Europea en este momento.
Por su gesto mientras mira al diputado de las rastas, sé que piensa cómo puede haber llegado hasta ahí. Pues eso, Señor Rajoy, lo ha traído usted de la mano junto al separatismo, el fanatismo católico, la pobreza de las familias, la inseguridad judicial de los ciudadanos, la institucionalización de la corrupción, la contumacia política, el insulto constante a los desahuciados y a las víctimas de la crisis, la ley de educación, su fallida intentona contra el aborto, sus desmesurada ayuda a la banca… En fin, señor Rajoy, que lo ha traído usted. Haga un repaso histórico breve. Usted y su mayoría absoluta fueron la consecuencia inevitable de la pésima gestión y contumacia de ZP, pero en esa ocasión los españoles reaccionaron bien, tarde, pero bien. Quitaron el poder a quien se lo habían otorgado y eligieron otro caballo para continuar la carrera; sin embargo, tras su paso por la Moncloa todos han perdido la ilusión y la confianza en todos ustedes y ahora no saben a qué atenerse, vamos, que han perdido la esperanza de recuperar la dignidad, la seguridad, el trabajo seguro; y casi que la democracia. Por eso tenemos ahora el parlamento que tenemos. Así que, señor Rajoy, debería usted plantearse la posibilidad de quitarse de en medio, llevarse con usted a su compañero de muñequilla, señor Pedro Sánchez; y dejar que sean otros los que solucionen el desaguisado que nos ha dejado.
Así que piense, señor Rajoy, si el de las rastas no le gusta, usted tiene la culpa, usted es quién le ha abierto la puerta del congreso al voto desesperado, al voto protesta; y la señora Villalobos también debería callarse, aún no hemos visto al de las rastas jugando al Candy crush o como coño se diga el jueguecito al que la señora Villalobos dedica el tiempo de trabajo con una tablet que le hemos proporcionado el resto de españoles.

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Cada uno en su sitio, pero todos en la misma mesa.

Después de la resaca electoral me gustaría hacer un análisis, que como todos los análisis no convencerá a nadie, pero los escritores somos así, no podemos sustraernos a la realidad del día a día ni a implicarnos en ella.
Este resultado que inevitablemente ha desencantado a la mayoría de votantes, es uno de los mejores que jamás podríamos haber dado a nuestros próceres. El poder está tan repartido que obligará a todos escuchar a todos y consensuar, algo que el señor Rajoy Brey ha olvidado en sus últimos cuatro años de gobierno; y que conste que no sólo hablo de economía, donde ha tenido más aciertos que errores, aunque los errores hayan sido nefastos para una gran parte de la población, justo la que le ha dado la espalda en las elecciones. Hablo de las leyes de educación, de seguridad ciudadana, de tasas judiciales, de la abortada del aborto, de la reforma laboral; y de todas aquellas que no habiendo sido positivas ni negativas para la crisis ha impuesto el señor Rajoy y el PP a base de rodillo. Rodillo que ha machacado las ilusiones de aquellos que quisimos sacudirnos la lacra de Zapatero y nos metimos en las fauces del fascismo, del Opus Dei, de la corrupción y del poder a espaldas del pueblo –todos los políticos, apenas tocan pelo, olvidan el significado de la palabra democracia. Democracia no es sólo votar cuando caduca el gobierno; democracia es que el pueblo imponga sus normas y elija al mejor postor para ejecutarlas, para llevarlas a buen puerto, y eso es precisamente lo que los españoles han sancionado en la política de Rajoy, su absolutismo–; y qué es lo que han decidido las urnas es que no ven mal que siga gobernando, si alguien más moderado lo vigila de cerca, y he ahí la lectura que tiene que hacer el PSOE. El pueblo no confía en ellos para que gobiernen, pero sí para que vigilen al gobierno, pero con Pedro Sánchez fuera de la carrera hacia la Moncloa por bocazas y mal educado; mensaje éste perfectamente interpretado por Susana Díaz que salió a la palestra la noche electoral para dejárselo bien claro a propios y ajenos.
Lo crean o no, el pueblo es sabio y soberano. También Podemos ha recibido su mensaje, aunque no sé si Pablo Iglesias sabrá leerlo. El pueblo no le da derecho a gobernar, ni siquiera a crear grandes mayorías, pero lo han convertido en el Robin Hoot de los desheredados del PP, de aquellos que ni con dos trabajos pueden salir adelante; de los que vieron como el banco que les prometía el oro y el moro se quedó después con todo, y aun así han recibió ayudas del gobierno que, tapándose las narices y mirando hacia otro lado, les dio la espalda para que a final de año los grandes bancos pudieran hacer gala de sus ganancias y dividendos a repartir a bombo y platillo, gracias a que ellos sí tenían un gobierno que miraba por sus intereses y que ahora han perdido. Porque en este país, hasta que no matamos la gallina de los huevos de oro no nos damos cuenta de lo cainitas que somos.
Otro mensaje dirigido tanto a Podemos como a los nacionalistas, disguste a quién disguste, es que el primero ha demostrado que con inteligencia se puede acabar con el problema nacionalista, no en vano, ha ganado en todos los territorios que antes habían abominado de España; y si no muere de éxito cual idiota, su labor en ese terreno puede ser la puntilla de los anacrónicos nacionalismos que en estas elecciones se han visto reducidos su mínima expresión, ¿por qué? porque su camino también ha sido errático durante esta legislatura.
Sobre Ciudadanos qué decir. Pues que habiendo ganado sus propuestas claramente, el pueblo no ha querido que las capitanee en solitario Albert Rivera y ha preferido que sean acometidas por los cuatro grupos parlamentarios con más presencia, o sea, que ha ilusionado al pueblo, pero que ha preferido que el consenso sea el director de orquesta; y ahí tienen su futuro, es el árbitro, el amo de las llaves de todos los pactos, el condimento de todas las salsas, sin él sólo sería posible la gran coalición PP-PSOE, pero sólo  con el concurso del conjunto subconjunto de ambos que tiene relación unívoca con Ciudadanos, y harían muy mal de obviarlos.
En fin, que ahora tendrán que pactar, deshacer parte del camino andado, regresar a un punto de unión y desde ahí volver a empezar, véase, educación, aborto, seguridad ciudadana, reforma laboral, configuración territorial y cómo no, revisión constitucional. Rajoy tampoco haría mal en retirarse ahora con cierta dignidad aún y dejar paso a Soraya, quizá entre ella y Susana este país aún tenga solución.

Antonio Marchal-Sabater.

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La Marsellesa y los españoles.

La semana pasada se inició con el trágico atentado de Paris, la ciudad de la luz. Circunstancia que  tristemente aún coleará durante unas semanas o lo que es peor, unos meses. Entre todos los hechos acaecidos, uno de los más comentado por los españoles ha sido la reacción de los 80.000 asistentes al encuentro Francia-Alemania en el estadio Saint Denis. ¿Por qué? Porque todos salieron cantando la Marsellesa al unísono, el himno de su país; y todos los españoles convinieron en que eso aquí nunca hubiera ocurrido.
Esa reacción me hizo reencontrarme con una duda que arrastro durante muchos años, ¿Por qué si vivimos en un país democrático desde hace casi cuarenta años, los españoles, especialmente algunos sectores de la izquierda, le tienen tan poco apego a nuestros símbolos?
La respuesta la encontré después, en un artículo del diario El Mundo en el que se anunciaba que la Fundación Franco demandaría a quienes aprobaran retirar los símbolos franquistas.
Ya he escrito y dicho, tanto por activa como por pasiva, que los símbolos del estado no tienen culpa de lo que otros hicieran con ellos, no tienen vida propia, simplemente son usados, unas veces bien y otras mal; y como dijo Julio Romero de Torres, depende del color del cristal con el que se mire. Hasta ahí cualquiera llega –o al menos eso creo–. Sin embargo, el hecho de que aún se mantengan monumentos al dictador, que los nombres de sus acólitos figuren en las fachadas de muchas ciudades y de que éste tenga un sepulcro en un lugar privilegiado del territorio nacional no dice nada bueno de nosotros. ¿Qué país serio del mundo homenajea a un dictador de esa manera, si hasta los rusos sacaron a Stalin del Kremlyn?
Como la comparación en este caso es con Francia, me centraré en ella, sobre todo para evitar a aquellos que se les venga a la cabeza el nombre de De Gaulle la veleidad de hacerlo.
Después de la Segunda Guerra Mundial y de la liberación de Francia, De Gaulle dejó el gobierno de la república en manos de quien debía estar, el pueblo francés; y éste a su vez en manos del poder ejecutivo, legislativo y judicial. En 1958 volvió al ejecutivo requerido por la Asamblea Nacional por el problema del país con Argelia, pero como no fue elegido por el pueblo, exigió el pronunciamiento de la V República y una nueva constitución legalmente establecida en la que se hiciera constar porque accedía al poder, aunque realmente no era necesario el trámite.  Sin embargo exigió que se hiciera argumentando que si él había dedicado su vida a luchar por la libertad y la democracia, cómo ahora, aún a petición de la Asamblea, iba él a usurpar el cargo de Jefe del Estado. Francia nunca ha tenido una guerra civil y nunca ningún francés se consideró enemigo de su país por sus ideas, excepto los guillotinados durante la revolución o aquellos que colaboraron con Hitler en el exterminio de sus propios conciudadanos por ser judíos, gitanos, homosexuales o españoles exiliados del franquismo, que sí habían perdido su nacionalidad por mor de ese dictador que aún algunos defienden y que, como ya he dicho, aún yace en un lugar privilegiado del territorio nacional.
Tampoco quiero que me digan que la II República fue un fracaso abortado por la revolución del 34. Lo sé y he escrito sobre ello. Pero aún estando convencido de que entre eso, los independentistas cantonales, una serie de cambios tan rápidos y drásticos que la sociedad no supo asumir y la marginación y maltrato de los militares africanistas, se llegó a la peor de las soluciones; el golpe de estado. Pero si después hubiera devuelto la soberanía al pueblo y se hubiera favorecido  la transición a la democracia, aunque en los primeros años hubiese estado tutelada por Franco como jefe del estado, en lugar de sentarse en el poder durante cuarenta años y fusilar, reprimir o exiliar a sus compatriotas – ¡Sí, compatriotas! No es compatriota sólo el que tiene nuestras ideas políticas, compatriota es todo el que ha nacido en España o ha adquirido la nacionalidad por los cauces legales–. Hoy no habría español que no cantase el himno  o luciera su bandera.
España necesita cerrar las heridas que el tiempo cerrará, por supuesto, pero si dejamos que lo haga el tiempo aún nos quedan cien años. Unamuno dijo que las guerras civiles no terminan con el último disparo sino cien años después. Bien, eso sería hace casi cien años, hoy día que gracias a los adelantos médicos casi vivimos esa edad, se necesitan muchos más o un cambio en la conciencia de todos. Y ese cambio pasa porque todos los partidos políticos condenen el franquismo. Tampoco es de recibo que ningún miembro de ningún partido político actual tenga que pedir perdón por los desmanes de Franco; no se trata de eso. Se trata de condenar el régimen y de eliminar los monumentos al mismo. Tampoco destruirlos, más bien reconvertirlos. Por ejemplo, el Valle de los caídos se debería convertir en un museo a todos los caídos, que Franco y José Antonio sean exhumados y enterrados donde sus familias designen, al menos Franco que no fue caído en la guerra. Que una comisión apolítica, con presupuesto del estado y sin ánimo de arrojarse los huesos a la cabeza, excave todas esas tumbas que aún quedan por ahí, las de un lado y las de otro, que se les dé honores a todos de caídos por España, que se cante el himno nacional en todos los homenajes, que la bandera de España ondee día y noche en el lugar y cubra sus féretros. Sólo a partir de ahí podremos reconciliar las dos Españas en una sin vencidos ni vencedores, una España fuerte y libre que por unánime sea temida políticamente en el resto de Europa por su consistencia; y elegida por inversores extranjeros por estable, no temida por un miedo constante a su desmembración y contramarchas políticas.
Evidentemente éste sería mi sueño. Pero con una juventud que aún se tira los muertos a la cabeza y unos políticos que sólo van a su avío económico y social, y a trincar tanto como puedan el tiempo que dure; no vamos a ninguna parte.

Antonio Marchal-Sabater

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